En la noche del 23 de junio celebramos, coincidiendo con la Noche de San Juan, el solsticio de verano. En esta fiesta, que con sus particularidades se extiende por toda Europa, se encienden fogatas y hogueras para simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía.
Las raíces de la celebración se pierden en el tiempo: la tradición cuenta que el Sol estaba enamorado de la Tierra y se resistía a abandonarla. Además a esto se le unía la superstición de que el solsticio de verano era el ideal para ahuyentar a los malos espíritus y atraer a los buenos, así como para hacer encantamientos de amor y fertilidad. Por eso todavía hoy, en la Noche de San Juan, los ciudadanos arrojan a la hoguera pequeños objetos, deseos e incluso apuntes del curso con el objetivo de hacer desaparecer los malos espíritus. Los más atrevidos incluso se atreven a saltar sobre las llamas.
Con la llegada del cristianismo, la Noche de San Juan se mantuvo pero perdió su carácter mágico y adoptó un nuevo significado: Zacarías mandó encender una hoguera para anunciar a sus parientes el nacimiento de su hijo, Juan Bautista. Como conmemoración, en la edad media se comenzaron a encender grandes hogueras alrededor de las cuales se celebraban distintos ritos.
En Zaragoza, distribuidas por toda la ciudad, se encienden hogueras para celebrar esta noche. Probablemente son la del Barrio Oliver y el Parque Delicias las más concurridas y reúnen a cientos de personas en esta mágica fiesta alrededor del fuego.
A continuación, algunas fotos de la celebración en el Parque Delicias:
















estoy viendo por primera vez yo sola tus fotos y me estan gustando mucho
Richard, qué bonitas fotos te han salido, ya me gustaría a mi. Esta vez hemos coincidido en el tema. Un abrazo.