Es en el Bocal (en el término municipal de Fontellas, Navarra) donde nace el Canal Imperial de Aragón, que riega los campos de la cuenca media del Ebro y abastece de agua a la ciudad de Zaragoza. Su origen se remonta al siglo XVI, cuando el rey Carlos V encargó la obra al arquitecto Gil Morlanes. Este fue el responsable de la construcción de la “Presa de Carlos V”, también conocida como “Presa Vieja”.
El objetivo de Carlos V era construir una gran acequia (se la denominó “Acequia Imperial”) que regara las tierras del valle del Ebro a su paso por Navarra y Aragón, y juntar el Ebro con el Jalón en Alagón (Zaragoza) y desde allí llegar hasta Zaragoza. Sin embargo el proyecto no se culminó y apenas llegó hasta Garrapinillos.
Junto a esta presa podemos encontrar el Palacio de Carlos V, bajo el cual cruzaban antiguamente las aguas que iban desde el Ebro hasta la Acequia Imperial, completando el conjunto histórico denominado “Bocal Real”. El palacio fue reformado en el siglo XIX: las compuertas fueron cerradas, y en su lugar se planteó el jardín que hoy rodea el palacio. En estos jardines podemos contemplar el roble centenario más antiguo de Navarra, de 33 metros de altura, que podría tener más de 500 años!
Desde allí una carretera conduce hasta la “Casa de las Compuertas” y la “Presa Nueva” (o “Presa de Pignatelli”), mandada construir dos siglos después (1770-1790) por Ramón Pignatelli con el aval de rey Carlos III. La anterior presa había quedado obsoleta y además se modificó el trazado y la sección del canal, para hacerlo navegable hasta Zaragoza. Así nace el “Canal Imperial de Aragón” tal como lo conocemos hoy en día, con un recorrido de 108 kilómetros que llega hasta el “barranco de Zaragoza”, entre El Burgo y Fuentes de Ebro.
Entre el Palacio y el canal se construyó un poblado (propiedad de la Confederación Hidrográfica del Ebro) donde vivieron hasta hace pocos años los encargados del mantenimiento (llegando a vivir más de 30 familias) y se alojaron los viajeros que utilizaban el canal. Actualmente el pueblo se encuentra casi abandonado.
Hasta hace unos años numerosas familias se acercaban a disfrutar del entorno natural y a comer o almorzar en los alrededores. Sin embargo, hoy en día el Bocal ha quedado reducido a un lugar de pesca, aunque ocasionalmente los nostálgicos se acercan a disfrutar de un paseo por las presas y sus alrededores.
fuentes: ayuntamiento de Tudela, Diario de Navarra.
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